Días.

9 Dejaron caer...
A solas y agotada, perdida entre papeles y pensamientos. Todo se entremezcla opacando cualquier resquicio de claridad posible. Observando como se escapa su vida con el humo de un cigarro, que se consume aburrido en el borde del cenicero. Olvidó que estaba ahí.

Olvidé que estoy aquí.

Pierde la consciencia de que hay un mañana después del hoy... Lo que haga ahora pesará mañana. Pero en este momento, en este instante no le importa. Y no encuentra soluciones posibles... quizá porque desconoce los problemas. Quizá ni siquiera los tenga. 


Deja que los pesados párpados caigan, escuchando las gotitas repicar contra la ventana. No está cansada, no físicamente. Sólo esta ahí.

Mañana será otro día.

Pentagramas

3 Dejaron caer...


Así como el oxígeno en la sangre, la música fluye por tus venas. Te dejas llevar por ella y te hace flotar, más fuerte y más libre con cada nota.


Empuñando el arco con decisión y suavidad, abrazando el violín, te sientes seguro y cómodo. Y te meces, acunado por los sonidos que brotan del instrumento, de acá para allá, adelante y hacia atrás, en una danza inconsciente a la que te prestas sumiso.

Se reflejan en tu cara los sentimientos que nacen y florecen, que se escurren y escapan de tus manos y tu alma. Sentimientos prestados durante un segundo, que haces tuyos para siempre, pues queda el recuerdo de las melodías tocadas.

Sigue tocando, violinista. Mantén viva tu alma y préstanos un poco de esa magia que esconde la música.




¿Destinatario equivocado?

5 Dejaron caer...
Poética aparte.
 
Está claro que la mujer ha cobrado fuerza en los últimos tiempos. Se ha ganado un puesto en el escenario de la vida dejando de ser así parte del público, sólo observando a los hombres. Es curioso el camino que hemos elegido para conseguirlo...

El feminismo era en un principio una  lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. La extraña forma en la que ha degenerado está a plena vista, por ejemplo, en la publicidad. Suelen mostrarse mujeres hermosas, fuertes, jóvenes, cómodas en su condición. El problema es cómo las muestran.

Si se analiza un anuncio de compresas cualquiera, suelen aparecer mujeres extremadamente felices (¡qué ironía!), totalmente curvilíneas y, curiosamente, ligeras de ropa o contoneándose. Analicemos punto por punto. A cada mujer, la menstruación le afecta de una forma distinta, algunas ni la notan y otras llegan a retorcerse de dolor. Pero no conozco a ninguna que se ponga contentísima por ello.
En segundo lugar, ¿la menstruación solo te visita cuando tienes la talla 36 y menos de 23 años? Es comprensible que en un anuncio sobre cirugía plástica o de alguna de esas cremas milagrosas aparezcan mujeres casi perfectas, pero la regla nos iguala a todas. A la más fea y a la más guapa, a la gorda y a la flaca.
No creo que sea realmente necesario enfocar el trasero de la chica usando un tanga para que sepamos lo que es.
Y, ¿qué demonios es eso de Hoy me siento funky? Tres chicas bailando a las que casualmente se les hace un primer plano del culo de vez en cuando.
No conozco a ninguna mujer que se sienta funky, clásica, pop, bollywood por tener la regla. Es publicidad sin sentido y, por el enfoque que se les da, me hacen preguntarme si estos anuncios no están hechos por y para hombres.

En mi opinión, no es más que una degradación y una vergüenza. Después de tanta lucha por la igualdad, permitimos que se nos trate como simples cuerpos, quizá por el miedo a que nos tachen de antiguas o incluso machistas. Pero, ¿quiénes son las que están siendo machistas realmente?

PD: Si alguien se siente identificada con alguno de esos anuncio, por favor, deja un comentario.


Un trozo de mí.

11 Dejaron caer...
Dejadme pasar un ratito a vuestro lado y volveré a sonreír.

Porque me habláis con crudeza y dulzura, porque no hay dos caras, porque es lo que sois.
Me miro al espejo y me veo más brillante que de costumbre. Los días de cada semana pasan rápido y no tengo tiempo de echar la vista atrás hacia cada recuerdo de esos que nos acompañan, son demasiados. No tengo tiempo.

Aquel que vive discutiendo, que en su frialdad habitual es capaz de derretirse para decirme unas palabras de consuelo cuando caigo, palabras duras cuando meto la pata, que se preocupa sinceramente y que me obliga a abrir los ojos cuando el miedo me los cierra. Que esconde ternura bajo esa fachada.

La felicidad permanente hecha persona, esa personalidad que me pone histérica. Esos momentos en los que tengo que pedirte en que bajes el ritmo porque no entiendo lo que dices, esos en los que me arrastras fuera de casa para que no me hunda.

Ella, que con su sonrisa endulzaría el mar y con sus ojos verdes fundiría los polos. Nuestra conciencia. La sencillez y la inocencia personificadas.

La dueña de esos ojos azul grisáceo, que con solo dos palabras consigue que llore de risa, que se me corte la respiración y me duelan las mejillas.

Él, siempre dispuesto a regalar un abrazo, una sonrisa. Rápidamente se forjó un vínculo entre nosotros. Ni siquiera recuerdo como pasaste de ese a tú.

El alma de la fiesta, una extraña copia de mi alma, una pieza de mi casi perfecto puzzle, mi espejo… ¿qué decir de ti? Si sabes mejor que yo lo que pienso, lo que siento.

Hoy me siento afortunada, porque tengo ahora más de lo que alguna vez he tenido, y bueno, esto solo era para daros las gracias, porque realmente las merecéis. Sois amigos de verdad. No pido que seáis perfectos, sed vosotros mismos y seréis perfectos para mí.

¿Mea Culpa?

1 Dejaron caer...
Hay personas que no pueden evitar culparse de cierta forma por los actos de otros, por ejemplo, de sus padres. Llevan a hombros el peso de las consecuencias de lo que ellos hicieron además, por su puesto, de lo propio.


La pesada mochila de estos heridos viajeros esconde vergüenza, humillación, dolor, impotencia, rabia, frustración… Pero no son suyos. Arrastran por su camino la mierda de otros que no pudieron ni quisieron limpiarla, y como un ancla, ese pesado lastre no les deja avanzar aunque empuje el viento. Como quien no lleva prisa alguna, a veces paran a descansar y echar un doloroso vistazo atrás.

No corren lágrimas por sus mejillas, no suspiran quejas sus bocas. Tampoco viven.

La peor parte de esto se la llevan aquellos que llevan orgullo de plomo en sus hombros. No quieren acudir a nadie y deciden que si su paso ha de ser lento, así será. No entienden que lo pesado se lleva mejor con ayuda.

Otros no piden ayuda por vergüenza. Se sienten marcados por un pasado que no eligieron, por un presente que no avanza, por un futuro que se les antoja demasiado lejos.

Parte de la culpa la tienen aquellos a quienes alguna vez acudieron. La simple lástima no consuela, los reproches no sirven para aquellos que conocen el error, el dolor no se cura enterrándolo, ni el miedo huye al encender una luz. El pasado no desaparece solo por desearlo.

La clave está, amiga viajera, en el presente. Deshazte de la carga que te impusieron, no es tuya. Todo este tiempo, caminaste arrastrando los pies… Ahora es tiempo de volar.

Luces y sombras.

2 Dejaron caer...

Tenía miedo y aún lo tengo. La oscuridad me había tragado y no me atrevía a avanzar un paso. Esperaba, entre los llantos y el tiempo, a que ocurriera algo. Malo o bueno, no importaba. Quería una respuesta a una de esas tantas preguntas que me acosan. Fui cobarde y no quise buscarla; ella lo hizo por mí.

Alguien ha encendido una vela y empiezo a ver por dónde piso. El negro comienza a tornarse gris y, aunque la claridad no esté dispuesta a llegar aún, vislumbro formas y sombras de un futuro. Algo es algo...

Puede que me equivoque, ya lo averiguaré. Pero al menos ya no aguardo perdida, esperando a que las corrientes del destino me empujen de aquí para allá, a su voluntad.

Aún me quedan dudas, ¿quién no las tiene? Pero tengo mi apoyo y mi guía, mi cartel de salida de emergencia. Cuando lleguen tormentas y la luz se vaya, encontraré esa vela siempre dispuesta a iluminar mis tinieblas con la intensidad de un faro. Lo sé.

Gracias, mamá.

El pozo.

7 Dejaron caer...

Caí al pozo.

Aquel pozo...


Al principio, mis manos acariciaban las pareces buscando un saliente, algo que me sirviera de apoyo.


Siempre supe que no saldría de ese pozo.

Encontré un pequeño hueco donde deslizar la punta del pie, y el verdín, llamado por la humedad, rió. Y yo resbalé.


Después de todo, sabía que aquellas paredes no tendrían piedad conmigo.

No me rendí. Volví a agarrarme a donde pude, una leve colina, húmeda y resbaladiza, en aquella pared negruzca.Volví a resbalar.


Pero no me dejaría vencer tan fácilmente.


Empecé a desesperarme, no lo niego. Pero volví a tantear el muro con los dedos mojados y entumecidos de mis pies. Volví a impulsarme. Volví a caer.


Miré hacia arriba, hacia la boca clara de aquel túnel.


Estabas allí, sonriéndome suavemente, apoyado en el borde del pozo. En tu mano, apretabas algo con firmeza, tus nudillos parecían blancos. ¿Quién sabe? Estaba todo tan oscuro...


Entonces comprendí. Se acabó.


La única escapatoria que tenía era aquella cuerda sujeta en tu mano. Así que me senté y abracé mis rodillas, observando como lentamente el agua trepaba por la tela de mi pantalón.

Si tú eras mi salvación, si en tu mano estaba mi destino, entonces, estaba perdida.